Siempre que me preguntan por mi Padre respondía: “Fue a comprar cigarros hace 27 años y aún no vuelve, creo que no ha encontrado los que él fumaba”, irónicamente no sé si fumaba o no, pero por años esa fue mi respuesta.
Crecer sin un padre a tu lado no es fácil, pero cuando esa ausencia es suplida por la MEJOR MADRE se hace cómodo satisfacer esa necesidad; cuando ella me contó la historia la miré a los ojos y le sonreí, le sonreí por que no tuvo miedo a los enjuiciamientos al ver que su vientre se iba abultando mes a mes y saber ya no había vuelta atrás, ni forma de renunciar a una vida donde sólo Dios era capaz de decidir. ¿Miedos? muchos, ¿Culpas? Sí, porque lo amó y no pensó que eso le sucedería a ella. ¿Confesión? Una, ¿Respuesta? No sé si es mía.
Mi madre no había sido preparada para la maternidad, en aquellos tiempos esos asuntos se trataban en susurros a cuatro paredes y con la seguridad que sería dentro de un matrimonio bien constituido, crecer sin padre en un país como Chile suena habitual, vivimos insertos en una sociedad donde los hombres embarazan a las mujeres como el pan de cada día para luego arrebatarle promesas e ilusiones. Los niños van creciendo con trancas más o trancas menos, sin una figura paterna, siendo reemplazados por el hermano mayor, por la siguiente pareja de tu madre o en el mejor de los casos es ella quien se hace cargo de ambos roles. Sin embargo debo reconocer que siempre me sentí muy a salvo de todas y cada una de esas preocupaciones, siempre viajé sin buscar responsables. Los años avanzaban y la arrogancia de la niñez o la adolescencia compungida de aquellos que veían como sus padres se separaban o como algunos de ellos tenían padres de fines de semanas convirtiéndolos en niños llenos de regalos y a la vez saturados de resentimientos y reconozco que una vez más me sentí a salvo.
En casa nunca hubo gritos, no hubo llantos ni peleas de pareja, no sé lo que es ver a tus padres discutir porque no hay para echarle a la olla, no sé lo que es reclamarle a tu padre porque no te da permiso para salir con tus amigos, ni que te vayan a buscar un fin de semana porque así lo determinó una jueza de menores, no sé lo que es querer complacer a tu padre con la mejor calificación del curso o simplemente decir BUENOS DÍAS PAPÁ.
Con los años aprendí a anestesiar la necesidad de un padre, en oportunidades lo recordaba porque sabía quién era, donde vivía, que era de él y de su familia; me he preguntado qué tan diferente pudo haber sido mi vida si su decisión hubiese sido otra. ¡No lo sé! - ¿Buscarlo? - Lo intenté vagamente en una oportunidad pero su mirada denotó un miedo tan extraño, su respuesta fue tan culposa y la mirada tan perdida como si la que le hubiese hecho daño era yo. Sólo encontré palabras ausentes y fue allí cuando preferí guardarme la única intensión de saber que había pasado en su cabeza cuando decidió perder a su hija.
Hoy caminamos por la misma calle y me observas guardando las distancia, hoy tienes lo que tú querías y qué yo podría decirte aquí y ahora que no te haya dicho alguien en cualquier lugar. ¿Renuncié a ti? ¡No!, no puedo renunciar a algo que nunca tuve y muy a pesar de todos yo nunca tuve un padre, por ende no puedo renunciar a ese derecho natural. - ¿Odio?- ¡No! – y no, porque no te merezcas ni siquiera eso, simplemente porque no hay espacio en mi vida para odiarte, ni para culparte ni mucho menos para desearte algún mal que acabe con tu vida. Simplemente opté por aceptar tu decisión y por entender que Dios no pudo entregarme mejor MAMÁ que la que tengo.
Sí, porque crecí viéndola trabajar de día y de noche, crecí viéndola subir a duras penas por senderos mal trazados entre la maleza y el pastizal, la vi llevar canastos de penas, de comida y de ropaje de todo lo que fue alguna vez de ella, la vi tendida a nuestros pies con el único afán de sacar adelante a quienes tanto ella quería, la vi en noches tristes porque pasaba el tiempo y parecían años en blanco, la vi llorar porque muchas veces su esfuerzo parecía en vano, la vi quedar enmudecida cuando su hija le informó que su clases de “LOS ERRORES QUE NO DEBES COMETER” había sido reprobada con un promedio de 9 meses, la acompañé y me tomé atribuciones por ella cuando no tuvo fuerzas para responder ante el adiós que nunca quiso escuchar.
Crecí viendo como perdía su cuerpo de mujer para dar paso a su sueños de Madre, de una madre que no descansó por entregarnos lo mejor, crecí con su fuerza, aquella que dibujaba la pasión que iba tan dentro de ella, la que me enseñó que nada tiene más valor que aquello que consigues luchando, que nada te entregará más satisfacción que la altivez de vivir en forma digna.
La he visto enojarse y como la rabia llegaba hasta sus ojos, la he visto sonreír como si fuera la última vez que la fuera a ver, la he visto en la distancia de días en donde sólo tengo la oportunidad de decirle Buenos días porque cuando llegó no hay preguntas, las palabras sobran para dar paso a un TE QUIERO y a darle un beso mientras duerme cansada de haber trabajado todo el día.
La quiero porque pasan los años y sigo pensando en ella, la quiero con la misma calidez con la que ella me amó por primera vez, la quiero porque llenó cada espacio de mi vida con su presencia, la quiero porque me enseñó el valor de amar, la quiero porque aún a mis veintisiete años me abraza y se hacen grandes sus brazos cuando reconozco que aún no acaba, que aún no termina su rol de mujer, de mamá y de amiga.
Hace treinta dos años en sus brazos descansa en ella el primer temblor de su hija Jennifer, hace treinta y un años entregó sus mejores caricias a su hijo Eduardo, hace veintisiete años le vive demostrando a su hija Linda que lo que sobra es valor, hace veinticinco años que es guarda de su hija Stephanys, Hace veinticuatro años aprendió con el abrazo de su Hija Verónica la convicción de un amor y hace catorce años que aún no sabe lo que es renunciar a su Constanza.
Han pasado los años y yo sé muy bien cuáles son tus carencias, tus penas y tus alegrías, Han pasado los años y no dejo de tener en mi retina tus años de dulce y agraz, Han pasado los años y sigues despertando en mí el mismo orgullo de hace veintisiete años atrás.
La vida de mi madre es una novela que alguna vez espero tener el placer de contarla de principio a fin, Sentarme a leerte un párrafo que nos una y que descubra otra razón para creer que SI SE PUEDE!!
Aprendí de ti ....TE AMO y aunque llores mientras te leo TE AMO MÁS!
Dedicado a: Margarita Carmona Toro "Mi Madre"
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