Si tengo el compromiso de escuchar en quietud, me daré
cuenta que el aprendizaje que recibiré será mejor que mil discusiones con
personas con las cuales no nos estamos escuchando aun cuando yo sea su líder.
A la luz de la palabra esta nos revela que: …. Las palabras
del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del Señor entre los
necios. – Eclesiastés 9:17
A continuación,
algunos modelos que nos ayudaran a la hora de escuchar.
1. Las
interrupciones al que habla: Para estar comprometido con escuchar debemos
comenzar a poner el auricular solo en quien nos habla. Las conversaciones
internas, las relaciones, las emociones y el teléfono boicotean la opción de dedicarnos a
escuchar. También nuestros gestos
corporales interrumpen muchas veces con nuestra mirada al reloj, con no
mantener la mirada, con parecer que prestamos atención cuando con nuestras
expresiones le decimos: “No me interesa lo que dices”. .
2. La
Concentración en los detalles para perderse lo principal: Si cuando estoy
escuchando lo hago parado en mis intereses, estaré buscando el detalle y no la
conversación completa. Hay personas que empiezan a mover sus manos y a mirar
hacia otro lado cuando la parte que se está hablando no coincide con sus
intereses. Debemos escuchar de manera
comprometida durante la conversación completa.
3. Adaptación
de todo a una idea preconcebida: Llegar a una conversación con una idea
preconcebida nos cegará para escuchar lo que el otro nos quiere decir en
realidad. La escucha previa cierra
posibilidades, limita lo que escuchamos
y enturbia la conversación. Si
entendemos que escuchar no es solo oír (que eso es sólo biológico) sino que
implica la interpretación de lo que digo, tener una escucha previa me generará
interpretaciones bien lejos de lo que está diciendo el otro. La idea preconcebida puede ser también un
problema de cultura o de historia, y lo
que escuchamos no será lo que intenta decirnos el otro.
4. La
manifestación de una actitud corporal pasiva: Antes hablamos de una la actitud
corporal y su importancia. Por eso debemos tener en cuenta que el cuerpo habla
del mismo modo que lo hacen las emociones y nuestra boca. Si a través de nuestras palabras somos
tiernos, pero nuestra actitud corporal es desagradable, poco compasiva o
desinteresada, no es una manera de escuchar comprometida. El cuerpo habla y está siempre diciéndole a
la gente las cosas que uno piensa. Si en
el corazón no hay entrega y deseo de estar para el otro, es muy difícil que el
cuerpo logre mostrar otra cosa. Con esto
en mente, podríamos parafrasear lo siguiente: De la abundancia del corazón
también habla el cuerpo.
5. La
creación y la tolerancia de las distracciones: En medio de una conversación, el
problema no está en las distracciones, sino en cuando uno las crea, o lo que es
peor, cuando las toleramos. Hemos visto
líderes que en su corazón compasivo aceptan que otros los saluden y les hablen
mientras alguien les dice algo de suma importancia. Así que con la bandera del amor sólo general
espacios de permisividad. Como dice el
dicho “No conozco la fórmula del éxito, pero sí la del fracaso que es intentar
agradar siempre a todos”. En medio de
una conversación provechosa debemos enfocarnos en lo vamos hablar. Si alguien quiere interrumpirnos, debemos
decirle con amabilidad “Te atenderemos cuando termine”. Por eso, dime cuánto te importo antes de contarme
lo que te importa. Si me importan más
las distracciones que la persona que tengo delante, no puedo procurar que a la persona le importe
lo que le digo.
6. Las
distracciones permisivas que bloquean el mensaje: No nos propongamos solo
conversar, sino generar contextos que nos motiven a profundizar y a hablar con
libertad, a escuchar de manera poderosa y a desarrollar una relación basada en
nuestra forma de escuchar.
Si lográramos resumir esos seis
puntos, les podría decir que para lograr una comunicación eficaz, tanto en
nuestra vida profesional como privada, la clave está en algo muy sencillo, pero
a la vez difícil: Escuchar con eficiencia; ya que los problemas a la hora de
escuchar suelen ser recíprocos: Quien no se siente escuchado, casi nunca sabe
escuchar a los demás.
Entonces, ¿Nos estamos escuchando?
Bendiciones,