viernes, 3 de mayo de 2013

¿Aló, me escuchas?


Si tengo el compromiso de escuchar en quietud, me daré cuenta que el aprendizaje que recibiré será mejor que mil discusiones con personas con las cuales no nos estamos escuchando aun cuando yo sea su líder.

A la luz de la palabra esta nos revela que: …. Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del Señor entre los necios.  – Eclesiastés 9:17

A continuación,  algunos modelos que nos ayudaran a la hora de escuchar.

1.       Las interrupciones al que habla: Para estar comprometido con escuchar debemos comenzar a poner el auricular solo en quien nos habla. Las conversaciones internas, las relaciones, las emociones y el teléfono  boicotean la opción de dedicarnos a escuchar.  También nuestros gestos corporales interrumpen muchas veces con nuestra mirada al reloj, con no mantener la mirada, con parecer que prestamos atención cuando con nuestras expresiones le decimos: “No me interesa lo que dices”. .

2.       La Concentración en los detalles para perderse lo principal: Si cuando estoy escuchando lo hago parado en mis intereses, estaré buscando el detalle y no la conversación completa. Hay personas que empiezan a mover sus manos y a mirar hacia otro lado cuando la parte que se está hablando no coincide con sus intereses.  Debemos escuchar de manera comprometida durante la conversación completa.

3.       Adaptación de todo a una idea preconcebida: Llegar a una conversación con una idea preconcebida nos cegará para escuchar lo que el otro nos quiere decir en realidad.  La escucha previa cierra posibilidades,  limita lo que escuchamos y enturbia la conversación.  Si entendemos que escuchar no es solo oír (que eso es sólo biológico) sino que implica la interpretación de lo que digo, tener una escucha previa me generará interpretaciones bien lejos de lo que está diciendo el otro.  La idea preconcebida puede ser también un problema de cultura o de historia,  y lo que escuchamos no será lo que intenta decirnos el otro.

4.       La manifestación de una actitud corporal pasiva: Antes hablamos de una la actitud corporal y su importancia. Por eso debemos tener en cuenta que el cuerpo habla del mismo modo que lo hacen las emociones y nuestra boca.  Si a través de nuestras palabras somos tiernos, pero nuestra actitud corporal es desagradable, poco compasiva o desinteresada, no es una manera de escuchar comprometida.  El cuerpo habla y está siempre diciéndole a la gente las cosas que uno piensa.  Si en el corazón no hay entrega y deseo de estar para el otro, es muy difícil que el cuerpo logre mostrar otra cosa.  Con esto en mente, podríamos parafrasear lo siguiente: De la abundancia del corazón también habla el cuerpo.

5.       La creación y la tolerancia de las distracciones: En medio de una conversación, el problema no está en las distracciones, sino en cuando uno las crea, o lo que es peor, cuando las toleramos.  Hemos visto líderes que en su corazón compasivo aceptan que otros los saluden y les hablen mientras alguien les dice algo de suma importancia.  Así que con la bandera del amor sólo general espacios de permisividad.  Como dice el dicho “No conozco la fórmula del éxito, pero sí la del fracaso que es intentar agradar siempre a todos”.   En medio de una conversación provechosa debemos enfocarnos en lo vamos hablar.  Si alguien quiere interrumpirnos, debemos decirle con amabilidad “Te atenderemos cuando termine”.  Por eso, dime cuánto te importo antes de contarme lo que te importa.  Si me importan más las distracciones que la persona que tengo delante,  no puedo procurar que a la persona le importe lo que le digo.

6.       Las distracciones permisivas que bloquean el mensaje: No nos propongamos solo conversar, sino generar contextos que nos motiven a profundizar y a hablar con libertad, a escuchar de manera poderosa y a desarrollar una relación basada en nuestra forma de escuchar.

Si lográramos resumir esos seis puntos, les podría decir que para lograr una comunicación eficaz, tanto en nuestra vida profesional como privada, la clave está en algo muy sencillo, pero a la vez difícil: Escuchar con eficiencia; ya que los problemas a la hora de escuchar suelen ser recíprocos: Quien no se siente escuchado, casi nunca sabe escuchar a los demás.  

Entonces, ¿Nos estamos escuchando?

Bendiciones,


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